Comenta

Archive for the ‘ ralladas ’ Category

 
Sábado, Enero 23rd, 2010

Anoche desvié mi ruta. Caminaba por Blasco Ibañez cuando me llamaron la atención las sirenas silenciosas de cinco o seis vehículos, estancadas a lo lejos entre los coches aparcados. De camino a echar un viztazo me descubrí andando hacia el precinto policial.

Torcí hacia afuera del parque central de la avenida, caminé tranquilo por la acera y llegue al punto donde se agolpaban unos cuantos curiosos y un par de periodistas. La policía desviaba el tráfico, un furgón gris de servicios funerarios descargaba una camilla, y todo se había dispuesto de tal forma que se tapase el cadáver.

Me di cuenta de que realmente no iba a ninguna parte, así que doblé hacia Campoamor y, en cuato pude, volví disimuladamente al acto. No es que no pudiese haberme parado, pero peco de escrupuloso; no  soy capaz de pararme ante la muerte como un mero espectador morboso.

Al pasar por un bar la gente lo comentabla. Una chica, joven. Y al llevar de nuevo al punto clave los curiosos habían sido dispersados.

Entoces resolví cruzar al otro lado, tener una panorámica, verlo un poco más de cerca. Cruzando el primer semáforo un policía hacía fotos al cuerpo desnudo de una bicicleta a la que le habían saltado ambas ruedas. De lejos la miopía me permitió ver el aleteo de una sábana en el suelo, rodeada de funcionarios que parecían sentirse demasiados (y demasiado solos). Además, las piezas del puzzle estaban dispuestas de modo que el golpe tenía que haber sido fuerte. Nadie pierde el chasis y acaba a más de diez metros del cuadro fácilmente; espero que mi memoria no me juegue una mala pasada cuando digo que la estructura metálica, curiosamente, había caído de pie.

Y entonces me marché. Ya en el otro lado me tocó volver a cruzar, y fui el único que emprendió la marcha antes de que se hubiesen parado todos los coches. Pero yo no era el único “valiente”. Un hombre, que venía contra mí junto a su grupo de amigos, bromeaba, chillaba, ajeno a lo que se le presentaría apenas unos segundos después.

Hoy Levante daba la noticia:

Una joven de unos 20 años que montaba en bicicleta falleció anoche al ser atropellada por un todeterreno de color gris a la altura del número 124 de la avenida de Blasco Ibáñez [...] El impacto hizo que el cuerpo de la joven fuera lanzado varios metros hacia adelante.
Hasta el lugar de los hechos se acercó una unidad sanitaria de emergencias del 112, que trató en vano de reanimar a la muchacha, que no llevaba documentación y que falleció en la misma calzada [...] acordonaron un tramo ajardinado de la mediana de la avenida, ya que quedaron restos del coche y de la bicicleta esparcidos por el lugar. Los agentes tomaron declaración y efectuaron la prueba de alcoholemia al conductor del todoterreno, que dio negativo [...] Poco antes de la pasada medianoche, el juez de guardia ordenó el levantamiento del cadáver.

No quiero amargar a nadie. No, no quiero dejaros un mal sabor de boca, pero tengo que opinar. Creo que cuando mueres a casi nadie le importa; no podríamos vivir preocupados con grupos orgánicos e inanimados de moléculas que ya no operan en sinergia. Es así de frío. El universo no se inmuta. El universo no si inmutaría ni con La Tierra entera estallando, ni con el Sistema Solar haciéndose pedazos o la Vía Láctea carbonizándose. A nadie le importaría. Así es la vida.

Desde la conciencia de aquel cadáver todo se veía como una historia de ausencia. En la madrugada se escuchaban tracas de alguna parte; esa chica ya no las experimentaría. Ella no sabría del bromista del semáforo. Ni existiría ya supensamiento, su realidad. No sería testigo de su circo satírico. Cuando tú te mueras, será igual.

Experimentad cada segundo. Vivid cada momento. Cuando sea lo que sea os borre del mapa, cuando el mundo se haga ascuas dentro de vuestro propio cerebro, ¿qué nos quedará? ¿Tal vez un legado, o sólo un recuerdo?

 
Sábado, Noviembre 14th, 2009

Hace relativamente poco que Metrovalencia adoptó un sistema de validación de usuarios como el del Metro de Madrid. Y yo, que soy un dale-más-vueltas, me compré esta semana mi primer abono de diez viajes que, creo, es recargable. Porque ni de eso estoy seguro.

Total, que leyendo como leo cuando viajo por las vías, se me ocurrió la idea de utilizar el billete como marcapáginas. En esto que, a la salida, coloco el libro en la pletina lectora y, ¡voilá!, la  puerta se abre. (Si se pone de moda, al menos sabrán que la culpa es mía).

Además, esto da muchas ideas sobre un libro, a modo de llave del conocimiento, o de la tontuna, o todo lo demás. Este episodio me lo reservo para mis rumiaciones nocturnas, mejor.

tarjetamobilis2

Así es como funcionan estas tarjetas con RFID: acercar, abrir.

Total, que después de haber escuchado los cuchicheos de los sorprendidos al verme con un libro de Unamuno desbloqueando el mecanismo, me quedaban ganas de seguir experimentando. Maldita vanidad…

Quien haya visto mi cartera sabrá que está atiborrada de tarjetas (pero atiborrada de verdad), de calderilla y de papeles inútiles (o no tanto, según Diógenes y su Síndrome). Ahí que la coloco encima del lector la siguiente vez que salgo y… ¡tachán! Ni el grosor irracional de mi guardapasta altera el funcionamiento: la puerta se vuelve a abrir. Me anoto otro tanto.

¿Que nos debería enseñar esto?

Que podemos ser creativos, o como mínimo algo más despreocupados. No es necesario frotar la tarjeta contra el lector como si fuese un rasca-y-gana; basta con que entre en el radio de acción. Y esto significa que la tarjeta, mientras esté cerca, puede estar dentro de cualquier cosa que no inhiba el cambo radioeléctrico: un libro, una cartera… y una cinta de cassete ahuecada, un plátano, un falo de goma, una bolsa de plástico, el bolsillo de tu abrigo, un ratón de ordenador, una caja de condones, un mando de televisión (o de Playstation), un teléfono móvil, un reproductor digital…

¡Sed creativos!

AÑADO: se me ha ocurrido meterlo en un muñeco pequeño o un llavero. El caso es que Metrovalencia siga dándomelo por válido cuando me pidan el billete.

 
Domingo, Octubre 18th, 2009

Éste es el relato soez de una experiencia personal. No me hago responsable de lo que, a partir de aquí, te venga a la cabeza cada vez que veas un restaurante de comida rápida.

El caso es que bajé, como cualquier otro día y por lo que fuese, a la calle. A unos cuarenta metros en la misma acera hay un Burger King, seguido de un Sofra en la esquina, frente a un KFC.

De pronto, me sobreviene cierto aroma a hamburguesa transgénica. No me desagrada: está diseñado para crear adicción. Pero esta ilusión no dura mucho, y me descubro entre olor a fosa séptica. A fosa séptica profunda y malholiente, aclaro.

Aunque, uy, huele a Burger King otra vez. Y vuelve el olor a manga pastelera intestinal y… otra vez, me vuelve el olor a hamburguesa. “Esto es muy extraño”, pienso.

Conforme cruzo la calle, descubro que un camión de limpieza séptica y desatascamientos tiene su manguera tendida hasta un portal que se encuentra entre los dos locales que tiene el “restaurante”. Empiezo a entender la mezcla de aromas florales.

Aunque me sobrevieno una duda, cruel y dañina (para la franquicia, claro). Hubo ocasiones en las que no sabía si se me estaban mezclando dos olores o que, debido a que la bajante debía de ser la misma, los “restos” que descansaban en el embozamiento correspondían a los de los clientes del local, y desprendían la misma brisa que el menú que me sirven a mí cuando voy, recién hecho y calentito.

Que los productos del Burger King pueda oler igual que los subproductos del Burger King… es algo que me inquieta. Amén.

tirarle-a-la-cara-una-hamburguesa

 
Martes, Octubre 13th, 2009

Me acaba de dar en la cabeza. El mismo Día de la Hispanidad, y ya estamos vendiendo americanadas en el OpenCor que, ¡oh, tiene nombre sajón! Y ahí lo tenéis, llenito de calabazas tradicionales y antiquísimos disfraces de esqueleto. Que, ¿tienen algo que ver con Hispania? No, pero molan, ¿verdad?

El caso es que nos han colado la moto, y varias veces. Halloween fue después de días como San Valentín o Santa Claus, queridamente llamado Papá Noel. Pero, ¿por qué? Creo que la explicación reside en que:

1. Los comerciantes quieren dinero.

2. Los consumidores quieren un motivo para fiesta… aunque les cueste algo de dinero.

Y ahí se resume en concepto real de mi querido país, unitario, trinitario, grande, libre, multidimensional y valmorforizado. He condensado toneladas de bibliografía antropológica en: pasotismo. No queremos trabajar, no queremos pensar, y no somos capaces de inventar nuestras propias gaitadas. Si no, las adoptamos. ¡Viva España!

Luego nos quejaremos de la crisis, la corrupción, la pérdida de la cultura y la cantidad de basura que se nos cae encima pero… ¿nos daremos cuenta de que toda la culpa es nuestra?

Estos es tan irónico, satírico, extraño y transgénero que yo me marcho al Halloween Freak Festival que organizan en La Nave. Reírse por no llorar. Ahí sus quedéi

 
Jueves, Septiembre 3rd, 2009

He de confesarlo: que no estaba muy convencido de contaros esto. Durante años, demasiados académicos han trabajado duro, y es probable que leyendo lo que viene a continuación se les desencaje la mandíbula, tengan sarpullidos y suban unas cuantas dioptrías. Víctimas de mi blog aparte, ahí va.

Ésta es la historia del señor A en una cola del supermercado, y de la señora B, y del señor D y la señora E, y de todas las personas-abecedario que me ayudarán a hablaros del orden justo de los elementos. Están todos en el supermercado, así:

[CAJERO] A, B, C, D, E, F…

Todos esperan con su compra, aún en los carritos, ajenos a que un vil escritor pretende jugarles una mala pasada. Porque, efectivamente, acabo de contratar a un segundo cajero; así mi supermercado será más ágil atendiendo pagos, y multiplicaré mi capacidad de obtener beneficios mientras las colas estén llenas.

[CAJERO] A, B, C, D, E, F…
[CAJERO]

¡Moajajá! Mi perversa mente capitalista no ha pensado en su sufrimiento. Ahora mismo te estarás preguntando qué tiene que ver el dolor humano con que te despachen antes. Claro, porque todavía no has escuchado las palabras de ultradestrucción: “Por favor, pasen por orden de cola”.

¿Lo has notado? El universo parece haberse doblado un poco. ¿Qué demonios significa por-orden-de-cola? Podríamos partir la cola por la mitad y poner a unos cuantos en la otra caja. Sería algo así:

[CAJERO] A, B, C …
[CAJERO] D, E, F…

Claro, cualquier inepto piensa que todo está resuelto. Yo a eso le llamo colarse.  Si traducimos a números cuánto han alterado su posición las personas-abecedario durante el cambio de caja, obtenemos esto:

[CAJERO] 0, 0, 0… = 0
[CAJERO] 3, 3, 3… = 9

Efectivamente, un grupo se ha privilegiado de avanzar nueve posiciones mientras el otro no ha avanzado nada. Lo que es peor: han surgido desigualdades prescindibles. Por ejemplo, F ha avanzado tres puestos y ahora está a la altura de C, que no ha avanzado ninguno… pese a haber llegado antes a la cola. Peor es el caso de D, que se ha colocado en primer puesto dejando a B y a C detrás, cuando antes iban primero. Batman opina lo mismo:

batman-returns-copy

¿Cómo solventar tal ofensa? No, no vamos a matar a nadie, y trataremos a la ancianita que se ha colado con toda la educación posible. La solución más acertada es plantearnos que cuando dividimos una cola en dos, alguien va a salir desfavorecido (porque, queramos o no, alteraremos las posiciones).

Por ello, la solución óptima será aquella que garantice la menor desventaja entre colas. Esto, si lo que buscamos es que (con sujetos que únicamente se diferencia por su colocación ordinal) todos mantengan un puesto final similar al que tenían al inicio. Ahora, hagamos justicia.

¿Qué forma se me ocurre para que una cola difiera lo menos posible de la otra? Separarlos por pares o impares. “Por favor, pasen en orden de cola los pares”.

[CAJERO] A, C, E …
[CAJERO] B, D, F…

Ahora contamos cuántos puestos de ventaja ha avanzado cada cola:

[CAJERO] 0, 1, 2… = 3
[CAJERO] 1, 2, 3… = 6

La diferencia de “adelantamientos” entre las colas es tres puestos. Antes, era de nueve puestos. Y lo mejor es que entre personas en la misma posición ordinal sólo hay un puesto de desventaja. Aquí hay mayor justicia porque se respeta a los que iban antes. Nadie se va a molestar lo suficiente si alguien le adelante un puesto, y más cuando ya ha adelantado varios de antemano.

Aunque, si lo que queremos es una solución económicamente perfecta, no habría que hacer colas, en plural. Lo que habría que hacer es encargarse de

1) que ningún cajero dejase de atender gente y de que

2) la gente hiciese una cola común atendida por todos los cajeros a la vez.

En otras palabras, trabajar a full. Voy a añadir más cajeros y más personas para que se vea la idea. Aquí ninguna persona pierde su orden en la cola, y al mismo tiempo se benefician de ser atendidos en el momento en el que uno de entre todos los dependientes queda libre.

[CAJERO] \
[CAJERO] - A, B, C, D, E, F, G, H, I…
[CAJERO] /

Ahora, me siento realizado. No sólo he resuelto un dilema para la humanidad, aunque probablemente hayan soluciones mucho mejores, mejor explicadas, y menos estúpidas, sino que he conseguido colaros una parrafada en mi blog para que penséis que actualizo por amor al arte, y no por los ingente beneficios que me da la  publicidad, que realmente están en números rojos.