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Archive for Marzo, 2009

 
Sábado, Marzo 28th, 2009

Como en el anuncio de Isabel Preyslerseisler, “unos amigos se presentaron por sorpresa”. Jaime me llamó para invitarme al MAT 2009, un encuentro de música, arte y tecnlogía organizado con la ayuda e la ACUV. La nota re prensa reza:

Cinco conciertos consecutivos, exhibiciones de grafiti, competiciones de PS3, XBOX, Wii, una paella gigante para más de 1.000 personas, el singular Reactable… todo ello combinado para ofrecer un viernes especial con más de 12 horas seguidas de fiesta.

Con la cámara (sieeempre con la cámara), me desplacé hasta el Greenspace y allí Jaime me dio la acreditación como “PRESS”.

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Es curioso: por llevar unos credenciales y una cámara, podía molestar un poco más a la gente, y me pasé un buen rato tirando fotos a cualquier cosa/animal/persona.

He colgado las mejores, “remasterizadas”, en mi cuenta de Flickr, en el álbum MAT 2009 Música, Art i Tecnologia, y recordad que están bajo una licencia CreativeCommons, así que podéis hacer un uso ético de ellas :)

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Jueves, Marzo 26th, 2009

Una gran parte de la comunidad universitaria se revuelve al escuchar eso del Plan Bolonia (al que más correctamente llamaré Declaración de Bolonia), y se les llenan las vísceras de demagogia anticapitalista y contracultural: que si “privatización” de la enseñanza, que si “alienación” de los estudiantes, que si “mercantilización” de las ideas… Pero, ¿cuántas personas han leído algo de información oficial, apartada del parafrasismo sindical y la emocionalidad de cuatro tecnocretinismos?

¡Ey! Soy el primero que recomienda Zeitgeist, el primero que te deja 13′99€ para que lo leas, los que me conocen bien saben que no me fío de la UE, que soy un conspiranico, y me declaro ferviente devoto de la película Fight Club, pero una cosa es ser revolucionario crítico y otra muy distinta ser borregolucionario (es un chiste retórico). Cito de esta última película:

No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados.

Efectivamente, nuestros tiempos son aburridos: lo tenemos todo. Somos una generación de niños mimados de nevera llena, que tienen televisión por cable, teléfono móvil, varios ordenadores, Internet, que salen cuando y cuanto quieren, que se saltan a la torera las clases cuando merecerían estar poniendo palés, que malresponden a sus padres ¡y tienen incluso enseñanza pública!, aunque nada de eso nos ha dado el éxito. El problema no es Boloña; el problema es que nunca hemos tenido que pelear por nada (y de ello se desprende que nadie haya venido a darnos un par de palmaditas en la espalda).

Hasta hace nada una mujer necesitaba autorización de su marido para abrir una cuenta bancaria. Hasta hace nada no se reconocían los derechos afectivos entre el público homosexual. Hasta hace nada eran dos las Españas. Pero a nosotros no nos ha tocado comer la mitad por nuestros hermanos o trabajar en el campo a los catorce años. Y estamos muy cabreados.

Estamos cabreados porque no entendemos qué sentido tiene este credo en uno mismo, este culto al consumo, este teatrillo donde cualquiera hace lo que quiere y donde hasta gastarse el dinero en un kebab es un derecho. Si todo el mundo tiene tanto poder, nadie destaca realmente. ¿Qué sentido tiene una condecoración meritoria de toda la población sin que ésta haya hecho ningún mérito? ¿Qué sentido tiene tener de todo menos una razón que lo justifique?

No querermos algo distinto a Boloña; queremos nuestro Mayo Francés, nuestra revolución de ideales, y lo queremos con cuarenta años de retraso. Efectivamente, creemos tener el derecho a pedirlo con cuarenta años de retraso.

 
Lunes, Marzo 23rd, 2009

Lo que copio aquí lo replico de Microsiervos, pero es que frases como éstas no hay muchas, y ésta en concreto debería de ser enmarcada en cada uno de los edificios públicos de este país de listos y oportunistas, de sacamantecas, de aprovechados que usan la retórica para que la Justicia juegue en su favor:

La gente buena no necesita leyes que les digan lo que tienen que hacer para actuar responsablemente; la gente mala en cambio encontrará las formas de saltarse las leyes.

-Platón (un señor importante, pa’ los de la LOE).

 
Domingo, Marzo 22nd, 2009

Anoche me apeteció ir al cine, así que fui al Albatros a ver Los abrazos rotos, la última película de Pedro Almodóvar. Las críticas no eran muy buenas, y habiendo visto el trailer y cómo hace las cosas este director, no me extrañaba que fuese algo bastante bizarro. Contra viento y marea, me gustó.

En primer lugar, había leído que el guion  era plano y previsible. No sé qué clase de mente privilegiada había ido al cine, porque lo que yo vi fue un guion complejo que parte de una historia que sucedió en el pasado, y conforme avanza la trama se va reconstruyendo de una forma nítida y solaz.

Cierto es que algunos aspectos (que no comentaré aquí) se huelen de antemano, pero otros, por el contrario, pillan muy de imprevisto al espectador. Me gustó porque en cierta medida la película posee elementos sorpresivos, aleatorios, que  tan justificados están como evitales podrían haber sido. Esto sí que recuerda a un vodevil.

3323408203_260c4d6825miniEn Los Abrazos Rotos destaca el uso abusivo de clichés, lo que crea un juego entre lo que conoce el espectador y lo que conoce el director.

Por otro lado, Almodóvar abusa para mi gusto de los primeros planos, aunque es algo que le da al resultado final una textura de cine de verdad, cine clásico, que acompaña al homenaje que toda la película hace al Séptimo Arte. Para cualquier cinéfilo resulta entretenido (cuanto menos) buscar los guiños que se hacen, independientes de la trama principal.

La fotografía, por otra parte, sigue siendo colorista, y  me parece que le he cogido el gusto a ese tipo de estética, que tanto dice de cómo ve el mundo nuestro guionista manchego. Es más: si a esto le sumamos el revestimiento de tragicomedia que nos acompaña durante las dos horas, tenemos una idea bastante clara de la ironía humana.

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El cameo-metacine de Rossy de Palma masicando una nota es imapagable.

¿Aburrida? Para nada. Sí que se hace larga, y varias veces me asaltó esa idea, pero siempre deducía que por muy larga que se hiciese la acción no paraba de fluir. El guion no tiene nada lento, y todo, todo avanza constantemente.

No me gusta dar puntuación a las películas, aunque sí hacer un breve “Si vas a ir a verla…“. Así que, ¿por qué ver esta película? No la veáis si esperáis una comedieta americana romántica, o vais con gente que apenas pisa el cine, o creéis que la panacea de la crisis cinematográfica actual está en la mente de Almodóvar.  Es una película para desgajar, y que requiere de cierta sensibilidad para ser entendida, y como tal la metería dentro de la estantería de Culto Cinéfilo: si no te gusta el Cine, no la veas.

 
Sábado, Marzo 21st, 2009

El otro día iba con un amigo por la calle y nos cruzamos con niños de trece años con una botella de alcohol, pirado cada cual por ser el primero en beber. También los hay que fuman cannabis, y siempre está el quinceañero de turno que se cree adulto por llevar una lata de cerveza en la mano e ir vociferando. Los hijos contestan a los padres permisivos, padres e hijos pegan a profesores, y cualquiera te dice que tener un teléfono móvil está reconocido dentro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

En principio se puede pensar que todos hemos sido así, pero lo cierto es que es mentira. La Era del Cretinismo es un invento bastante nuevo.

El Un día de furia (1993), Michael Douglas interpreta a un hombre cansado de un mundo estúpidamente egoísta.

El mundo ya no es como era antes. Ahora vivimos en un entorno hipermiediatizado, contaminado por los ideales de una clase productiva que al mismo tiempo es una clase consumista. En resumidas cuentas, todos estamos como locos porque todos estén como locos por nosotros. Por culpa de esta tendencia, hace ya décadas que llevamos conviertiendo esto en un vodevil donde prima el valor de lo emocional, de lo epicúreo y del hedonismo por encima de la realización personal.

Lo importante es vender y comprar, retroalimentar un sistema endogámico, y justificar tales acciones con la revalorización de los ideales y las normas culturales. Por ende, todo acaba siendo relativo. Todo vale. Lo que importa y lo que no, lo que se lleva y lo que no, el bien y el mal, son conceptos que pueden ser reescritos. Y no nos equivoquemos: la culpa de esta reestructuración de significados la tienen los mass media.

El error fundamental consiste en confundir el incremento de las libertades sociales con este frenesí de persuasión manipulación sistemática. Es un punto más de la autojustificación. Loca de las compras, me sé de memoria tu “Soy libre de gastarme mi dinero en lo que quiera“. Pero no lo eres, no eres libre; necesitas gastártelo, porque de lo contrario sufres… Bienvenida al gran logro de la publicidad.

consumismo

Lo cierto es que vivimos en la época de mayor avance social, pero estamos cayendo como lo hizo el Imperio Romano, embriagados por la vanalización de todo cuando podríamos valorar.

En un momento en el que tenemos acceso a la mayor biblioteca alejandrina jamás ideada, pocos son los que valoran las ideas de los antiguos pensadores, los que cultivan su sensibilidad estilística, los que piensan por pensar y no persiguen la evasión constante del mundo que les aliena y les obliga a ser engranajes productivos. Quiero citar a Immanuel Kant:

¡Atrévete a pensar!

¿Estoy diciendo que el capitalismo sea negativo en grado absoluto? No. ¿Estoy diciendo que los medios de comunicación sólo sirvan para reducir a las masas al esclavismo intelectual? Tampoco.

Lo que estoy diciendo es que nos estamos pasando de listos. En el momento álgido de las oportunidades caemos en el error del egoísmo, del egocentrismo, del pasotismo, y regresamos al dogmatismo ideológico (cuando realmente vivimos una vida donde las ideologias son lo más reescrito) y al misticismo (huyendo de las verdades que nos da la ciencia). Tenemos a nuestro alcance una erudución que nunca antes había sido posible, y sin embargo nos asustamos y tomamos la senda del yo-antes-que-nadie. Podríamos construir océanos de información limpia de desinformación, eregir utopías sociales, y sin embargo seguimos con nuestra fe animáltica justificando nuestra demencia consumista y nuestra importancia por encima del común de la sociedad.

Yo sólo pido civismo (porque no cuesta nada beneficia al común de la sociedad, y nos beneficia a todos), altruismo (porque si todos nos ayudásemos viviríamos en un mundo mucho más igualitario), ciencia (porque el conocimiento nos hará libres) y pensamiento (porque, bien estimulada, nuestra capacidad de raciocinio es capaz de superar nuestro egoísmo).

Sin embargo, no veo nada de eso cuando miro al común de las gentes embruteciendo la calle, haciendo sonar la  sintonía de su móvil más alto que la del compañero, o criticando una obra clásica del pensamiento por no haber pensado de manera activa mientras la leía. ¿Qué sociedad estamos creando?